
Regalos de Dios nuestro Padre
11 febrero, 2015
Tus hijos profetizarán
11 febrero, 2015Hay una idea que puede parecer intensa, incluso desafiante: sueña los sueños de Dios. Tal vez suene demasiado grande, demasiado profunda, o quizá hasta un poco intimidante. Puede que en algún momento te hayas preguntado si eso significa renunciar a lo que deseas, dejar atrás tus ilusiones o apagar aquello que anhela tu corazón.
Muchas veces imaginamos los planes de Dios como algo distante, casi inalcanzable, como si estuvieran reservados únicamente para personas extraordinarias. Sin embargo, la obra de Dios en la vida de sus hijas suele ser mucho más cercana, más delicada y más personal de lo que solemos pensar. Dios no llega para borrar tus sueños, sino para darles dirección, sentido y plenitud.
Soñar con Dios no es perder, es descubrir.

Sueña los sueños de Dios sin temor
Existe un temor silencioso que muchas creyentes llevan en el corazón: la idea de que rendirse a Dios implica una vida limitada, sin deseos propios o sin aspiraciones personales. A veces pensamos que permitirle a Dios tomar el control es equivalente a despedirse de aquello que soñamos.
Pero Dios no es un ladrón de sueños. Él es el autor de los sueños que verdaderamente dan vida.
Si eres una mujer que sueña los sueños de Dios, no estás firmando una renuncia dolorosa, sino entrando en una confianza más profunda. Es permitir que tu Padre que te creó también dirija tus anhelos, tus metas y tus expectativas. No se trata de anular tu corazón, sino de alinearlo con Dios que ve más lejos que tú.
La experiencia nos enseña que nuestros propios planes, aun cuando nacen de buenas intenciones, muchas veces nos dejan cansadas, frustradas o insatisfechas. Dios, en cambio, trabaja desde una perspectiva eterna, amorosa y perfecta.

Cuando Dios transforma tus deseos
Algo maravilloso sucede cuando le abrimos espacio a Dios en nuestra vida interior. Poco a poco, sin violencia ni imposición, Él comienza a trabajar en nuestros pensamientos, en nuestras prioridades y en nuestros deseos. Lo que antes parecía indispensable pierde peso, y aquello que no habíamos considerado comienza a adquirir un nuevo significado.
No es una pérdida, es una transformación.
La Escritura lo expresa con una ternura extraordinaria:
«Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón». Salmo 37:4 NTV
Este versículo no describe un intercambio frío, sino una alineación íntima. Cuando tu corazón se deleita en Dios, tus deseos empiezan a reflejar su voluntad. Lo que anhelas ya no nace únicamente de tus emociones o circunstancias, sino de una comunión más profunda con Él.
Así, tus sueños y los sueños de Dios dejan de competir y comienzan a caminar juntos.

Atrévete a rendir, atrévete a confiar
Cuando alguien sueña los sueños de Dios necesita una actitud valiente. Significa abrir el corazón con sinceridad y decir: “Señor, aquí están mis planes, mis ilusiones y mis expectativas. Guíalos, ordénalos, transfórmalos”. No desde la resignación, sino desde la confianza.
Lo que Dios construye en tu vida no oprime, no limita ni empobrece. Su voluntad siempre está impregnada de propósito, de dirección y de sentido. Cuando Él guía tus sueños, la incertidumbre pierde su peso, porque ya no caminas sola detrás de algo incierto, sino sostenida por Dios que conoce el final desde el principio.
Confiar en los sueños de Dios no es renunciar a la alegría, sino permitir que la alegría tenga raíces más profundas.
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Oración
Señor, hoy pongo delante de ti mis sueños, mis deseos y mis planes. Te entrego aquello que anhelo y también aquello que temo. Siembra en mi corazón los sueños que nacen de tu voluntad y ayúdame a confiar en tus caminos, aun cuando no los entienda por completo. En el nombre de Jesús. Amén.
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Que Dios te bendiga abundantemente, tu amiga,
Lidia E. Cames
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