
Mirando a Jesús en medio de la vida real
14 enero, 2015
Valiosa salvación
14 enero, 2015Querida amiga, hoy quiero invitarte a reflexionar conmigo sobre un tema que puede cambiar la manera en que nos relacionamos con Dios y con los demás: hablemos bendición. No siempre es fácil cuidar lo que decimos, pero nuestras palabras tienen un gran poder. Pueden levantar o derribar, sanar o herir. Por eso es tan valioso aprender a hablar con amor, sabiduría y propósito.
Hablemos bendición con un corazón alineado a Dios
En la Biblia lo escribió el sabio rey Salomón:
«Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene». Proverbios 25:11
Eso significa que hay un momento y una forma correcta para cada palabra. Yo misma sigo en proceso de aplicarlo, porque no crecí con este hábito y me cuesta mucho. Pero descubrí que en este aprendizaje Dios está dispuesto a ayudarnos siempre que lo busquemos.

Cuando nos enfocamos en la Palabra de Dios, nuestras palabras se vuelven vida y esperanza para los demás. Hablemos bendición dejando que sea Él quien inspire lo que decimos. Así, nuestras frases llevarán consuelo, ánimo y verdad a los corazones cansados.
Dos pasos sencillos para hablar palabras que edifican
- Pide sabiduría a Dios. Él promete darla generosamente: «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y Él se la dará» (Santiago 1:5).
- Aliméntate de la Biblia. Sus palabras son dulces y poderosas: «¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca» (Salmo 119:103).
De esta manera, tu boca será un instrumento para animar, restaurar y dar vida.
Oración
“Señor, gracias por tu Palabra que me guía y me enseña. Hoy renuncio a toda palabra que pueda herir o destruir. Dame sabiduría y revela tu corazón en las Escrituras. Haz que mis palabras sean fuente de ánimo y esperanza. Úsame para llevar bendición a quienes me rodean. En el nombre de Jesús. Amén.”
Un compromiso diario
Querida amiga, no guardemos silencio cuando se trate de bendecir. Que nuestra voz siempre pronuncie palabras de edificación, amor y fe. Hablemos bendición cada día, porque lo que decimos puede marcar la diferencia en la vida de alguien.
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Que Dios te llene de su preciosa sabiduría, tu amiga,
Lidia E. Cames
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