
Los obedientes son felices
18 febrero, 2015
El único Dios que salva
18 febrero, 2015Hay momentos en que la ofensa toca nuestro corazón y nos deja heridas que parecen difíciles de sanar. En esos instantes descubrimos algo muy humano: por nosotras mismas no siempre sabemos cómo reaccionar. Por eso necesitamos pedirle a Dios que forme en nosotras corazones perdonadores, capaces de responder con gracia aun cuando el dolor es real.
Perdonar no es una reacción natural de nuestra carne. Cuando somos lastimadas, lo primero que aparece suele ser el deseo de defendernos, de recordar la ofensa o de guardar distancia. Pero Dios puede hacer algo impresionante en nuestro interior: transformar nuestro corazón para que aprendamos a perdonar como Él nos perdona.
La humildad que forma corazones perdonadores
Para perdonar necesitamos humildad. No una humildad débil, sino una que reconoce que todas dependemos de la gracia de Dios.
Cuando entendemos cuánto nos ha perdonado el Señor, nuestro corazón empieza a suavizarse también hacia los demás. Por eso es tan importante pedirle a Dios que cultive en nosotras un corazón humilde.
Un corazón humilde es terreno fértil donde nacen corazones perdonadores.

Lo que Jesús enseñó sobre el perdón
Jesús habló claramente sobre la importancia del perdón. Él nos dejó estas palabras que invitan a reflexionar profundamente:
«Si ustedes perdonan a los otros sus ofensas, también su Padre Celestial los perdonará a ustedes. Pero si ustedes no perdonan a los otros sus ofensas, tampoco el Padre de ustedes les perdonará sus ofensas». Mateo 6:14-15 RVC
Estas palabras no buscan condenarnos, sino guiarnos. Nos muestran cuánto valor tiene el perdón para Dios.
Cuando elegimos perdonar, nuestro corazón permanece libre delante del Señor. El perdón limpia, sana y mantiene abierta nuestra relación con Él.
Permanecer cerca de Dios con un corazón limpio
El pecado y la falta de perdón pueden endurecer el corazón y alejarnos de la paz que Dios desea para nosotras. Por eso el perdón no es solo un acto hacia otra persona; también es una decisión que protege nuestra comunión con el Señor.
Cuando aprendemos a perdonar, permanecemos unidas a Dios y dejamos espacio para que su amor siga obrando en nuestra vida. Pidámosle entonces que cultive en nosotras corazones perdonadores, capaces de soltar la ofensa y elegir la libertad que viene de Él.
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Conclusión
El perdón no siempre es fácil, pero sí es posible cuando dejamos que el Espíritu Santo transforme nuestro interior.
Dios puede suavizar lo que el dolor endureció, sanar lo que la ofensa lastimó y enseñarnos a vivir con corazones perdonadores.
Cada vez que elegimos perdonar, damos un paso hacia la libertad que Dios preparó para nosotras.
Oración
Padre amado, vengo delante de ti reconociendo que muchas veces mi corazón se lastima con facilidad. Tú conoces cada herida, cada recuerdo y cada emoción que llevo dentro.
Hoy te pido que transformes mi interior con tu Espíritu. Quita toda dureza y enséñame a vivir con un corazón que perdona rápidamente.
Dame la humildad para soltar la ofensa y gracia para responder con amor. Permite que tu perdón llene mi vida y que pueda extender esa misma misericordia a los demás. Hazme instrumento de tu paz y de tu amor.
En el nombre de Jesús, amén.
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Lidia E. Cames
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