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Dios no es indiferente a tus luchas ni a tus lágrimas. Al contrario, su corazón está inclinado hacia ti. La Biblia dice:
«Y mi mayor alegría será que mi pueblo esté bien» Jeremías 32:41 TLA.
Esa es la naturaleza de Dios: Él es dador, es ayudador, y se deleita en verte florecer.
Las promesas de bendición no son por mérito, son por fe
Las promesas de bendición que vienen de Dios no dependen de tu condición social, tu pasado o tu estatus espiritual perfecto. Es tu fe la que te coloca en la posición adecuada para recibir. Porque la fidelidad que Dios premia no es la perfección, sino la perseverancia en la fe.
El salmista dijo:
«Dios es fiel con los que le son fieles» Salmo 18:25 PDT
No te descalifiques por lo que ves en el espejo o por lo que otros dicen de ti. Lo que Dios ve es tu corazón, tu esfuerzo, tu deseo de seguirle. Si aún crees, aún esperas y no sueltas sus promesas, estás caminando en fidelidad.

Haz tuyas las promesas que Dios escribió para ti
No te conformes con mirar de lejos las promesas de bendición como si fueran para otras. Atesóralas. Cree lo que Dios dice de ti.
La Biblia afirma:
«El Señor te asegurará bendición en todo lo que hagas» Deuteronomio 28:8 NTV
¿Puedes apropiarte de esa promesa hoy?
Escríbela, proclámala en voz alta, y camina como una hija amada que espera lo mejor de su Padre. Tú estás en su radar, bajo su cuidado constante. Él es fiel, y sus promesas también son para ti.

Oración
Señor amado, gracias porque tu bendición me alcanza aun cuando yo no lo merezco. Hoy me coloco en posición de fe, creyendo que tú deseas bendecirme. Ayúdame a no dudar de tu amor ni de tus promesas. Enséñame a confiar cada día más en tu fidelidad. En el nombre de Jesús.
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Que Dios te bendiga con sus promesas, tu amiga,
Lidia E. Cames
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