
¡Clama! Dios escucha
30 marzo, 2015
No te desanimes por nada
31 marzo, 2015Amiga, ponte muy lista y arrebata las promesas de la Biblia para tu vida y tu familia.
Es conveniente que tengas claro que las promesas que Dios te da son para que las creas, las busques y las esperes, para que tengas paz y confianza en el Señor.
También para ese tiempo en que el desánimo amenaza, tú vayas delante de Dios y le hagas saber que estás creyendo y esperando sus promesas.
Tenemos en la Biblia un ejemplo para seguirlo
Se trata del rey David. Él oró así cuando recibió una promesa de Dios:
«Oh, Dios mío, me he atrevido a elevarte mi oración porque has revelado a tu siervo que construirás una casa para él, ¡una dinastía de reyes!». 1 Crónicas 17:25 NTV
Quizá me preguntes: ¿Qué tiene que ver este versículo con arrebatar lo que Dios me ha prometido?
Qué significa «arrebata tus promesas»

Arrebatar las promesas de Dios no quiere decir que Él no te las quiera dar y tú tengas que peleárselas. Es una forma de decir que seas constante y que no dejes que nada te distraiga de tu fe.
Cuando el enemigo de tu alma se acerque a susurrarte duda en el oído, o te golpee con las circunstancias que ves y oyes; entonces es la oportunidad que tienes para decirle en su cara la promesa tal y como Dios te la dio a ti y repítele que es una promesa fiel de tu Padre y Él la va a cumplir.
Sigue el ejemplo del rey David, quien le dijo a Dios el versículo que menciono al principio. Podríamos decirle a Dios:
«Señor, tus promesas son un poderoso motivo para venir a ti en oración. Confieso que creo y espero cada promesa que me has dado para mí y mi familia. Fortalece mi fe y ayúdame a sostenerme firme. En el nombre de Jesús».
Es tiempo para que tomes valor y supliques al Rey de reyes por esa promesa que Él ya te dio antes. Arrebata tus promesas por medio de la oración de fe y paciencia para esperar en ellas.
No es que Él no se acuerde, o que si no le pides no te va a cumplir: es por ti.
Esto es porque es una forma poderosa de fortalecer tu fe y aferrarte con todas tus fuerzas a lo que ya Dios dijo que va a hacer en tu familia, en tu economía, en tu salud y en tu alma.
No dejes que la desesperación, el desánimo o la duda desgasten tu fe. Mejor arrebata tus promesas, elevando tus oraciones con valor. Atrévete a ‘asaltar’ con tu clamor el trono de tu Padre Dios.
Te aseguro que una gran paz llenará tu corazón y esperarás con gran contentamiento el cumplimiento de tu promesa.
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Lidia E. Cames
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