
Cántale al Dios viviente
15 marzo, 2015
Ternura y compasión de Dios
15 marzo, 2015Quizá hubo un tiempo en tu vida en que tú tampoco querías saber mucho de Dios. O tal vez creías en Él, pero tenías dudas, heridas o ideas que te impedían acercarte. Hasta que un día algo comenzó a cambiar en tu corazón y empezaste a mirar a Jesús de una manera diferente. Por eso, cuando pienses en esa persona que amas y que hoy parece estar muy lejos de Dios, recuerda tu propia historia. La luz de Jesús siempre llega para alumbrar la oscuridad, traer claridad y mostrarnos el camino hacia el Padre.
Mucho antes del nacimiento de Jesús, el profeta Isaías anunció esta maravillosa promesa:
«El pueblo que camina en oscuridad verá una gran luz. Para aquellos que viven en una tierra de densa oscuridad, brillará una luz». Isaías 9:2 NTV
Isaías hablaba de la llegada del Mesías. Dios prometía enviar luz a un mundo que necesitaba conocerlo, y esa promesa se cumplió en Jesús.
Años después, cuando José y María llevaron al niño Jesús al templo, Simeón lo tomó en sus brazos y reconoció en Él el cumplimiento de aquella esperanza:
«Él es una luz para revelar a Dios a las naciones, ¡y es la gloria de tu pueblo Israel!». Lucas 2:32 NTV
Jesús vino para mostrarnos quién es Dios y acercarnos a Él. Esa misma luz que alcanzó a tantas personas a través de los siglos también llegó un día hasta nosotras.

La luz de Jesús siempre llega al corazón
Cuando miras a alguien que amas y parece resistirse a Dios, es fácil pensar que nada está cambiando. Puede ser un hijo, tu esposo, un familiar o una amiga. Quizá has hablado con esa persona acerca de Jesús y parece no tener ningún interés. Incluso puede molestarse cuando mencionas temas de fe.
Pero tú ya sabes que una historia no queda definida por el momento que estás viendo ahora.
No permitas que lo que ves hoy apague tu esperanza.
Tú puedes seguir presentando su vida delante de Dios y pedirle que le permita conocer la verdad, comprender su amor y abrir el corazón a Jesús.
Porque hay algo que tú no puedes hacer: no puedes transformar el corazón de otra persona. Pero sí puedes amar, orar, sembrar con paciencia y confiar en que Dios sabe cómo acercarse a cada corazón.
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Ora por quienes todavía no conocen a Jesús
Cuando Isaías anunció que una gran luz brillaría sobre quienes caminaban en oscuridad, estaba anunciando una esperanza que alcanzaría mucho más allá del pueblo de Israel.
Jesús vino como luz para las naciones.
Eso nos da una hermosa razón para perseverar en oración por las personas que amamos. No porque podamos decidir por ellas, sino porque confiamos en un Dios que ama, llama y se revela.
En lugar de angustiarte pensando en cuánto tiempo falta para que alguien cambie, puedes convertir esa preocupación en oración:
“Señor, permite que la luz de Jesús llegue a su corazón. Muéstrale tu amor y tu verdad de una manera que pueda comprender”.
Y después continúa amando.
Deja que también vean la luz de Jesús en ti
Mientras oras por los demás, hay otra parte importante que sí está en tus manos: la manera en que vives tu fe.
No necesitas aparentar perfección para representar bien a Jesús. Más bien permite que quienes están cerca de ti encuentren en tu manera de vivir algo de su paciencia, bondad, misericordia y amor.
A veces nuestro testimonio puede hablar con mayor suavidad que muchas palabras.
Amiga, sigue orando por las personas que Dios ha puesto en tu corazón. No intentes apresurar sus procesos ni cargar sobre tus hombros la responsabilidad de cambiarlas.
La luz de Jesús siempre llega donde Él encuentra un corazón dispuesto a recibirla.
Tú sigue sembrando amor, viviendo tu fe y presentando delante de Dios a quienes amas.
¿Hay alguien por quien llevas mucho tiempo orando? No permitas que el cansancio apague tu esperanza. Quiero compartirte otra reflexión que puede ayudarte a seguir presentando su vida delante de Dios con fe y paciencia: Oración por el corazón de nuestros hijos
Oración
Señor Jesús, gracias porque tú eres la luz que me acercó al Padre y me mostró el camino hacia Él. Hoy pongo delante de ti a las personas que amo y que todavía necesitan conocerte. Te pido que les permitas comprender tu verdad y experimentar tu amor. Ayúdame a orar con esperanza, a respetar sus procesos y a reflejar tu luz con mi manera de vivir. Que mis palabras y mis acciones puedan mostrarles algo de tu bondad. En tu nombre, amén.
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Que Dios te fortalezca en todo tiempo, tu amiga,
Lidia E. Cames
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