
Dios enseñará a tus hijos
16 marzo, 2015
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17 marzo, 2015Hay temporadas en las que has orado, has confiado y has esperado, pero aquello que anhelas todavía no sucede. Quizá entonces te preguntas qué deberías hacer mientras pasa el tiempo. ¿Seguir orando? ¿Hacer algo más? ¿Simplemente esperar?
Hace años, al leer un pasaje de Hebreos, una expresión vino a mi mente: “sigue trabajando por tu promesa”. Con el tiempo he comprendido que ese trabajo no consiste en esforzarnos para convencer a Dios ni en acumular suficiente fe para conseguir una respuesta. Se trata de aprender a vivir confiando en Él mientras esperamos.
La Biblia dice:
«No sean perezosos; más bien, imiten a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas». Hebreos 6:12 NVI
Este versículo une dos palabras que necesitamos durante la espera: fe y paciencia. Este es el trabajo al que se refiere este versículo.
Estar trabajando por tu promesa no significa ganártela
Las promesas de Dios no son una recompensa que obtenemos por habernos esforzado lo suficiente. Tampoco podemos acelerar sus tiempos repitiendo una oración muchas veces o intentando demostrar que tenemos una fe perfecta.
Nuestra confianza descansa en el carácter de Dios, no en nuestra capacidad para hacer que las cosas sucedan.
Entonces, ¿por qué Hebreos nos anima a perseverar?
Porque esperar también requiere aprender a permanecer. Hay días en que confiar será sencillo y otros en que tendrás preguntas, cansancio o incertidumbre. La fe no significa negar esas emociones, sino continuar regresando a Dios en medio de ellas.
No trabajamos para hacer que Dios cumpla su promesa; aprendemos a permanecer fieles mientras esperamos.

Hay un trabajo que puedes hacer mientras esperas
Estar trabajando por tu promesa puede verse muy diferente de lo que imaginabas.
Puedes cuidar tus pensamientos cuando el desaliento comienza a instalarse. También puedes llevar tus preocupaciones a Dios en oración. Y puedes obedecer aquello que Él ya te ha mostrado, tomar las decisiones que hoy están en tus manos y continuar atendiendo las responsabilidades y personas que forman parte de tu vida.
También puedes descansar.
Porque permanecer en la fe no significa vivir haciendo esfuerzos continuamente. A veces, una de las mayores expresiones de confianza consiste precisamente en reconocer: Esto no está bajo mi control, Señor. Lo dejo en tus manos.
La paciencia también se cultiva así: un día a la vez.
La espera no es una pausa en tu vida
Es fácil pensar que podremos estar tranquilas cuando llegue aquello que esperamos: cuando cambie esa situación, cuando llegue una respuesta, cuando veamos restauración, provisión o aquello por lo que hemos estado orando.
Pero tu vida está sucediendo ahora.
La espera no es una sala donde tu vida queda suspendida hasta que llegue la promesa.
Mientras esperas todavía puedes disfrutar lo que Dios ya te ha dado, cuidar tus relaciones, aprender algo nuevo, descansar, servir, reír, hacer planes y agradecer las pequeñas cosas buenas que forman parte de tus días.
Una promesa puede ser muy importante para ti sin convertirse en el centro alrededor del cual gira toda tu vida.
Tu esperanza más profunda está en Dios.
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Fe y paciencia para seguir caminando
Hebreos 6:12 nos invita a mirar a quienes recibieron las promesas mediante la fe y la paciencia. Sus historias no fueron instantáneas ni perfectas. Hubo procesos, decisiones y largos períodos de espera.
Por eso, si llevas tiempo orando por algo, no midas la fidelidad de Dios por la velocidad de la respuesta.
Sigue acercándote a Él. Sigue creciendo. Y sigue haciendo aquello que hoy sí puedes hacer y deja en sus manos aquello que solamente Él puede resolver.
Quizá eso sea precisamente estar trabajando por tu promesa: no perseguir desesperadamente su cumplimiento, sino aprender a caminar con Dios mientras esperas.
Y cuando la espera se haga larga, recuerda que tu relación con Él es mucho más grande que aquello que estás esperando recibir.
¿La espera se está haciendo larga? Hay temporadas en las que necesitamos aprender a esperar sin vivir pendientes de cuándo llegará la respuesta. En Espera en Dios con la certeza de que llegará el amanecer encontrarás una reflexión para acompañarte en esos días.
Oración
Señor, tú conoces aquello que llevo tanto tiempo esperando y sabes también cómo se siente mi corazón. Ayúdame a confiar en ti sin querer controlar tus tiempos. Enséñame a cultivar la fe y la paciencia, a hacer con diligencia lo que me corresponde y a entregarte aquello que solamente tú puedes hacer. No quiero poner mi vida en pausa mientras espero. Ayúdame a disfrutar tus bendiciones de hoy y a caminar contigo cada día. Amén.
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Que el Señor te sostenga con su poderosa mano, tu amiga,
Lidia E. Cames
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