Aprendiendo a esperar en Dios

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Al inicio de mi vida cristiana empecé a escuchar que Dios es todo lo que debe llenar mi vida. Pero yo quería que todos los problemas que tenía fueran solucionados. Quiero platicarte de cómo yo fui aprendiendo a esperar en Dios.

En medio de mi necesidad y mi deseo de tener cosas, yo no podía comprender que Dios es todo lo que necesito. Mi mente se nublaba cuando lo que yo quería no lo podía tener. Entonces me encontré con este versículo:

«El Señor es todo lo que tengo y necesito, en Él esperaré». Lamentaciones 3:24

Descubrí el secreto para tener paz, para aprender a manejar la frustración que acarrea el no tener todo lo que quiero.

Entendí que debo aprender a esperar en Él.

Tuve que aprender que Dios es la fuente de donde proviene toda clase de bien. Además que es Él quien decide lo que necesito y lo que me conviene. No mis deseos.

Aprendiendo a esperar en Dios

Amiga, esto es algo que tú y yo debemos voluntariamente debemos aprender. Es una decisión empezar a esperar en Dios. Esto es ejercitar la fe en medio las circunstancias difíciles.

En el diario vivir te vas a encontrar con carencias económicas, familiares, emocionales, espirituales o de cualquier otra índole. Y todas queremos que Dios las solucione de acuerdo a lo que nosotras queremos.

Pero Dios quiere que pongamos nuestra confianza en Él, que soltemos todo en sus manos y aprendamos a tener contentamiento cuando nuestros deseos no se cumplen.

Nadie te va a negar que es una necesidad pagar la mensualidad del auto, o la renta de la casa. Pero Dios espera que confíes en Él, no en tu cuenta del banco ni en el dinero que está en tu cartera. Lo que necesitas es ir aprendiendo a esperar en Dios en medio de las necesidades.

Un testimonio personal

Hace años en medio de una crisis económica, dejamos de pagar dos mensualidades de la hipoteca de nuestra casa. De pronto nos avisaron que el banco había vendido la deuda a un particular y teníamos que liquidar el costo de ella.

Por supuesto no teníamos el dinero. Perdimos la casa. En el proceso Dios me hizo entender que Él tendría cuidado de nosotros y no nos dejaría viviendo en una cueva o debajo de un árbol. Cuando le decíamos: “Necesitamos una casa”, Él nos decía: “Sólo me necesitas a mí, confía”

Le entregamos esa casa a Dios y con dolor le dijimos muchísimas veces: Tú eres todo lo que necesitamos, Señor, en ti confiamos. Estábamos aprendiendo a esperar en Dios.

Hoy no tenemos casa propia, pero Dios nos provee para pagar la renta de una casa que es mucho más grande, más segura y más bonita que la anterior. Hemos aprendido a ser felices con su provisión.

Quizá más adelante volvamos a tener una casa propia, o tal vez no; pero lo importante es que tenemos a Dios y Él se encarga de nuestras necesidades. Además sabemos que sus propósitos para nosotros se cumplirán. Confiamos en que Él tiene planes de bien y no de mal. Nunca hará nada que nos perjudique o que no nos convenga.

Dios es sabio y nos ama, por eso seguimos esperando en Él.

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Conclusión

Querida cazadora, teniendo a Dios no te falta nada. Porque Dios es todo lo que necesitas. Echa fuera toda ansiedad y temor de tu vida, porque Dios te ha dado a Cristo para que llene todas las carencias de tu vida en todas sus áreas.

Sólo confía y cree que es un Dios sobrenatural y que de manera sorprendente te dará todo lo que necesitas. Si lo tienes a Él, tienes todo lo que requieres.

Si no tienes algo será porque sólo lo deseas, pero no lo necesitas. Dios conoce y suple tus necesidades. lo que deseas es otro asunto. Ése es otro tema.

Si este mensaje ha ministrado tu corazón, compártelo con otras cazadoras de promesas que necesitan ir aprendiendo a confiar en Dios. Déjanos un comentario de lo que tú sientas y aprovecho para saber que nos estás leyendo. Que Dios sea tu fuente de provisión, tu amiga,

Lidia E. Cames

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