Agar, la esclava que Dios vio

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Voy a compartirte una historia bíblica: La vida de Agar. La puedes leer en Génesis 16 y 21:8-20

Agar era la esclava egipcia de Sara, la esposa de Abraham. Este matrimonio tenía una promesa de Dios de tener un hijo, pero no llegaba todavía, por eso Sara decidió intervenir.

Ella no podía tener hijos y se le ocurrió la brillante idea de darle su esclava Agar a Abraham para que se acostara con ella y así, el hijo que tuviera sería para Sara.

A Abraham también le pareció buena idea y aceptó.

Agar quedó embarazada y a partir de ahí empezaron los problemas. Dice la Biblia que ella empezó a ver con desprecio a su señora.

Sara se quejó con Abraham, quien prefirió quedarse al margen. Sara empezó a maltratar a su esclava Agar y la historia toma otro giro.

Voy a destacar siete datos importantes de la vida de Agar:

1.- AGAR HUYE DE LOS PROBLEMAS CON SU SEÑORA: No aguantó la presión del maltrato y decide huir al desierto, aunque estaba embarazada. No se puso a pensar en el bebé que esperaba, lo que ella quería era alejarse del problema en que se encontraba.

2.- DIOS CONOCÍA A AGAR: En el desierto, junto a un manantial se le apareció el ángel de Dios (se entiende que era Dios mismo) y le habló:

«—Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes y hacia dónde vas?». Génesis 16:8 NTV

Dios la conocía tan bien, que le habló por su nombre y le dijo quién era: la sierva de Sarai. Luego le pregunta por sus planes. Es obvio que Dios sabía todo; pero quería que ella se lo dijera con sus propias palabras.

3.- AGAR CONOCÍA A DIOS: La Biblia no dice que Agar se haya sorprendido. Esto significa que ella también sabía quién le estaba hablando.

Aunque era egipcia, como esclava tenía la obligación de adorar al mismo Dios que sus amos. Por eso ella conocía a Dios.

Así que, con toda calma le contesta que va huyendo de su señora.

4.- DIOS LE DA UNA INSTRUCCIÓN Y UNA PROMESA: Dios le dijo que regresara con su señora y se sujetara a ella, esa fue la instrucción, pero luego le da una promesa para ella y para el hijo que esperaba (¡Y qué promesa!):

«Después añadió:

—Yo te daré más descendientes de los que puedas contar.

El ángel también dijo:

—Ahora estás embarazada y darás a luz un hijo. Lo llamarás Ismael (que significa “Dios oye”), porque el Señor ha oído tu clamor de angustia. Este hijo tuyo será un hombre indomable, ¡tan indomable como un burro salvaje! Levantará su puño contra todos, y todos estarán en su contra. Así es, vivirá en franca oposición con todos sus familiares». Génesis 16:10-12

Una promesa muy parecida a la que Dios le hizo a Abraham (Génesis 15).

5.- DIOS HABÍA ESCUCHADO EL CLAMOR DE AGAR: Agar clamó a Dios, pero pensaba que Dios no la había oído y mucho menos que le fuera a responder. Por eso prefirió huir; ¡pero ahora Dios le dice que la ha escuchado!

6.- AGAR CREÍA QUE DIOS NO LA VEÍA: Ella se sorprende mucho de que Dios le hablara. Como era una esclava se sentía invisible para Dios; pero ahora sabe que Dios está viéndola y tiene cuidado de ella:

«A partir de entonces, Agar utilizó otro nombre para referirse al Señor, quien le había hablado. Ella dijo: Tú eres el Dios que me ve (En hebreo El-roi). También dijo: ¿De verdad he visto a Aquel que me ve?».

La esclava regresa con su señora y tuvo a su hijo Ismael. Después de un tiempo, Abraham y Sara la despiden junto con su hijo. Agar se ve obligada a viajar por el desierto, sola con su hijo Ismael, un muchacho de aproximadamente dieciséis años.

Dice la historia bíblica que Agar y su hijo se perdieron en el desierto. Se les terminó la comida y el agua. Ismael estaba llorando bajo un arbusto y Agar se retira a llorar lo más lejos para no ver morir a su hijo.

7.- DIOS INSISTE EN AYUDAR A AGAR E ISMAEL: De nuevo el ángel del Señor se aparece a esta esclava para decirle una vez más que Él ha escuchado el llanto de ellos, principalmente de Ismael.

La alienta,  le encomienda la tarea de apoyar a su hijo y prepararlo para la vida. Además le repite la promesa de hacer de él una gran nación:

«Pero Dios escuchó llorar al muchacho, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo: Agar, ¿qué pasa? ¡No tengas miedo! Dios ha oído llorar al muchacho, allí tendido en el suelo. Ve a consolarlo, porque yo haré de su descendencia una gran nación». Génesis 21:17-18 NTV

Dios no vio a Agar como una esclava sin valor. Él la vio como una mujer valiente y una madre sabia, capaz de levantar a su hijo y sostenerlo para lograr los propósitos divinos… Estaba decidido a bendecirles:

«Entonces Dios abrió los ojos de Agar, y ella vio un pozo lleno de agua. Enseguida llenó su recipiente con agua y dio de beber al niño.

El muchacho creció en el desierto, y Dios estaba con él. Llegó a ser un hábil arquero, se estableció en el desierto de Parán, y su madre arregló que se casara con una mujer de la tierra de Egipto». (v. 19-21

La historia de Agar, podría ser la mía o la tuya, o de alguien que conoces.

Un consejo amiga: cuando tengas problemas no huyas, olvidando al Dios que conoces y que te conoce, como hizo Agar.

El Señor conoce tu nombre, tus actividades, tus problemas y todo lo que tenga que ver contigo.

Recuerda que Dios te ve, te escucha y te habla. Dios no es sordo a tu clamor ni ciego para no verte. Él está muy cerca de ti. Aun en las circunstancias más difíciles, el Señor no te abandona.

Aunque te sientas insignificante delante de Dios, no pierdas de vista que tiene un propósito para tu vida. Hay promesas específicas para ti y tu familia… Él te ha elegido para que seas quien anime y consuele a los que están sin aliento cerca de ti.

Quizá sean tus hijos o tu esposo, tus hermanos o tus padres, tus familiares o tus amistades. Dios te ve como una mujer valiente y capaz de preparar grandes guerreros para el Señor.

Prepárate, porque Dios te va a buscar y te va a insistir una y otra vez para que se cumpla todo lo que ha dicho que hará contigo y con los tuyos.

Querida lectora, si te identificas con esta historia bíblica, compártela en tus redes sociales; porque seguramente alguna otra mujer puede ser bendecida.

Que Dios te bendiga y puedas escuchar la voz de este Dios que nos ve, nos escucha y nos habla. Tu amiga,

Lidia E. Cames

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