Débora: Una madre para su pueblo

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El pueblo de Israel estaba siendo maltratado por un rey cananeo llamado Sísara. Ellos se habían salido de la voluntad de Dios porque pecaron, por lo tanto llevaban veinte años sufriendo los ataques crueles y violentos de este rey.

Dice la Biblia que suplicaron a Dios que los salvara.

En ese tiempo el pueblo era gobernado por una profetisa llamada Débora.

Yo quiero platicarte de las virtudes de esta mujer:

Débora era una mujer de Dios. Una profetisa es una mujer que recibe mensajes de Dios para comunicar a los demás. Quiere decir que ella vivía buscando la presencia de Dios y tenía comunión con Él, por eso escuchaba su voz.

Débora era una mujer sabia. Dice la Biblia que siempre se sentaba bajo una palmera conocida como la Palmera de Débora. Allá iban a verla los israelitas para que les solucionara sus problemas. El pueblo sabía que tenía sabiduría para orientarlos.

En una ocasión mandó a llamar a un varón israelita llamado Barac para darle un mensaje de parte de Dios: Era una orden para reunir un ejército en contra del rey Sísara, con la seguridad de que Dios les daría la victoria.

«Barac le respondió:

—Iré solamente si tú me acompañas. De otra manera, no iré.

Entonces Débora dijo:

—Está bien, te acompañaré. Pero quiero que sepas que no serás tú quien mate a Sísara. Dios le dará ese honor a una mujer». Jueces 4:8-9 TLA

Débora era una mujer valiente. Barac no la estaba invitando a pasear, ¡la estaba retando para ir a la guerra! Pero ella no se intimidó y aceptó el reto (no sé que hubiera hecho yo, de haber estado en su lugar). Se alistó para salir a pelear por su pueblo.

Débora era una mujer que animaba con sus palabras. Cuando se llegó el día de enfrentar la batalla, ella le dijo a Barac:

«¡En marcha, que hoy Dios te dará la victoria sobre Sísara! ¡Y Dios mismo va al frente de tu ejército!» Jueces 4:14 TLA

Ella no iba exigiendo cuidados para su persona… Iba conectada con Dios para recibir sus instrucciones y con la Palabra de Dios animaba a Barac y al ejército.

Dios les dio una gran victoria sobre los ejércitos de Sísara y todos sus soldados murieron en esta guerra.

El rey huyó, pero murió en manos de una mujer llamada Jael… Esta será otra historia.

Cuando todo terminó, Débora y Barac cantaron una canción de victoria. Ahí es donde yo encuentro una virtud más de esta valiente mujer:

Débora era una mujer de servicio. Ella vio que Israel necesitaba un gobernante… y se propuso para el puesto:

«Los guerreros de Israel desaparecieron; desaparecieron hasta que yo me levanté. ¡Yo, Débora, me levanté como una madre en Israel!». Jueces 5:7 NVI

Ella se propuso servir a su pueblo. Sabía que Dios la iba a respaldar y también que la guiaría para defender a su pueblo. Dios la usó para liberar a Israel de la opresión del rey Sísara. (Puedes leer esta historia completa en la Biblia, en el libro de los Jueces, capítulos 4 y 5).

Querida amiga, esta no es una historia solamente para recordar o para ver cómo Dios usó a una mujer para liberar a su pueblo. Esta historia está en la Biblia para que tú y yo aprendamos algo.

Cuando una mujer vive buscando la presencia de Dios, oyendo su voz y siguiendo sus instrucciones, lo más seguro es que se convierta en una mujer sabia, valiente, con palabras de ánimo y con un gran espíritu de servicio.

Tú y yo somos mujeres de Dios, que podemos tomar el liderazgo espiritual en la familia, en el trabajo, en tu vecindario o donde Dios te esté indicando. Sirvamos ahí donde estamos: Seamos valientes y defendamos a nuestra gente.

Nuestra guerra es espiritual y no es contra carne ni sangre, sino contra el enemigo de nuestras almas, que quiere robar la paz y la unidad de nuestra familia o de quienes están cerca de nosotras.

Levántate mi hermana, escucha la voz de Dios, lee la Palabra y dale ánimo a quien está temeroso, bendice al que está desanimado y ayuda al que necesita de tu mano. Dios ya te ha dado la victoria por medio de Cristo Jesús.

Seamos esas Déboras de hoy en medio de la necesidad de los nuestros.

Que Dios sea tu fortaleza, tu guía y tu sabiduría, mi amiga. Si crees que vale la pena compartir esta historia, hazlo con toda libertad y coméntanos algo que nos indique que nos has leído.

Con mucho amor, tu amiga,

Lidia E. Cames

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