Ana: La respuesta de Dios a una gran aflicción

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La mujer de la que te voy a hablar hoy no es tan conocida como su hijo, el profeta Samuel. Él fue la respuesta que Dios le dio a Ana, cuando ella clamó en medio de su sufrimiento.

Esta es la historia:

Ana era esposa de un hombre llamado Elcana, quien tenía otra esposa de nombre Penina. Penina tenía hijos, Ana no.

Ellos viajaban a Silo cada año a ofrecer sacrificios y adorar en el tabernáculo.

A la hora de comer Elcana le daba a Penina su porción de carne y además una porción por cada hijo que tenía. A Ana sólo le daba una porción, aunque le daba la mejor parte porque la amaba, ella siempre recibía menos.

Penina se burlaba de ella, porque Dios no le había permitido tener hijos.

Ana sufría mucho por esta situación… Le dolía mucho poder ser madre, y las humillaciones de la otra mujer.

Ana terminaba llorando y no comía… Sucedía lo mismo cada año.

Además, su mismo esposo no la entendía:

«¿Por qué lloras, Ana? —le preguntaba Elcana— ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás desanimada? ¿Sólo por no tener hijos? Me tienes a mí, ¿acaso no soy mejor que tener diez hijos?» 1 Samuel 1:8 NTV

Yo pensaba que Elcana era como el macho de las películas mexicanas… Pero leo en la Biblia que él amaba mucho a Ana. Me imagino que se desvivía por atenderla y deseaba ser el consuelo de su esposa.

Elcana quería ver feliz a Ana. Pero Ana quería tener hijos y que Penina no la molestara.

Y sucedió que un día que se repetía esta historia, Ana decidió cambiar. Fue esta decisión la que la llevó a tener respuesta a su grande necesidad.

Aquí te muestro tres acciones de esta mujer ante su aflicción:

1.- Ana presentó su necesidad ante Dios. Dejó de andar llorando por los rincones y decidió derramar su corazón delante de Dios. Ella entendió que el único que podía resolverle su necesidad y calmar su dolor era Él.

Se acercó al tabernáculo para derramar su corazón delante del Señor. Lloraba y oraba, mientras el sacerdote Elí la observaba.

Clamaba con su corazón y su voz no se oía, sólo su llanto. Por eso el sacerdote pensó que estaba borracha y la reprendió.

Pero ella le explicó que tenía un gran dolor y que estaba orando. El sacerdote la bendijo y ella regresó con su esposo a su casa. Dice la historia bíblica que empezó a comer de nuevo y no volvió a estar triste.

En cuanto ella oró al Señor dejó de sufrir. No tenía la respuesta, pero tuvo paz.

2.- Ana ofreció su hijo varón a Dios. No sólo le pidió un hijo, sino especificó que quería un varón. Así oraba:

«Oh Señor de los ejércitos Celestiales, si miras mi dolor y contestas mi oración y me das un hijo, entonces te lo devolveré. Él será tuyo durante toda su vida, y como señal de que fue dedicado al Señor, nunca se le cortará el cabello». 1 Samuel 1:11 NTV

Lo que ella quería sólo era ser madre, quería librarse de las burlas de Penina. Anhelaba abrazar a un hijo… Vivir la experiencia de la maternidad.

A cambio de eso le prometió a Dios darle al hijo varón que tuviera.

Dios escuchó y respondió su oración, porque la Biblia dice que Dios no «despreciará un corazón quebrantado» (Salmo 51:17). A la vuelta de un año ella dio a luz un hijo y le puso por nombre Samuel.

3.- Ana cumplió su promesa. Al siguiente año le pidió a su esposo Elcana que le permitiera no viajar a Silo hasta que fuera el tiempo de entregar al niño.

Cuando dejó de amamantarlo (posiblemente a los tres años como mínimo) fue a entregarlo al sacerdote Elí para que creciera en el templo y sirviera a Dios como ella se lo había prometido.

¿Sabes qué pasó después de esto? Cada año que iba a ofrecer sacrificio le llevaba un abrigo a su hijo… Y ella tuvo ¡cinco hijos más!

Después de recibir burlas por ser estéril, Dios la bendijo con seis hijos. Al Señor le agradó el corazón desprendido de Ana. Y es que cuando tú le das a Dios, Él se encarga de devolver multiplicado aquello que le das de todo corazón.

Ana tuvo la satisfacción y el gozo de ver que su hijo Samuel (aquel que entregó a Dios, tal vez con dolor, pero con la convicción de cumplir su promesa); se convirtió en un hombre de bien, una influencia poderosa para el pueblo de Israel.

Amiga querida, tú y yo podemos aprender de Ana:

Cuando tengamos una necesidad o aflicción vayamos a quejarnos delante de nuestro Padre, oremos y derramemos nuestro corazón como hizo Ana.

No nos ayuda en nada andar haciéndonos las sufridas con las amigas, con los familiares o con el marido. Ante la incomprensión de las personas, siempre tendremos a nuestro Dios que nos comprende y nos responde.

Si tu necesidad es muy dolorosa, acude a Dios con confianza, platícale de tu sufrimiento, llora en su presencia… Clama con fe, entonces llenará tu corazón con su paz y sanará el dolor.

Ofrezcamos a Dios una ofrenda, lo que Él ponga en tu corazón, algo que puedas cumplir.

Cuando entendemos el poder que hay en dar lo mejor, se abren las ventanas de los cielos con bendiciones. Ana fue muy generosa al ofrecer a su primer hijo al servicio de Dios.

Y asegúrate de cumplir lo que prometas a Dios… Estoy convencida que Dios superará tus expectativas y te responderá con multiplicación.

Tu más grande necesidad se convertirá en tu más grande riqueza.

Comparte esta historia para que sea de bendición a muchas mujeres necesitadas y afligidas. Puedes leer la historia completa en la Biblia en 1 Samuel capítulos 1 y 2.

Dios te bendiga y responda todas tus oraciones, tu amiga,

Lidia E. Cames

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