Todo se te devuelve multiplicado

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Jesús sabía lo difícil que puede ser a nuestra naturaleza el amar y perdonar a nuestros enemigos.  Bendecir a los que nos maldicen y orar por los que nos molestan es una tarea dolorosa… El impulso para juzgar, criticar, condenar y/o señalar está a flor de piel.

Y es que así es la naturaleza de los humanos.

Como Dios que es, Él conoce todo lo que pensamos, lo que sentimos aunque no lo digamos… Y como humano Jesús experimentó todo lo que tú y yo vivimos día a día, seguramente sintió esa resistencia de la carne a perdonar a los que le ofendían.

También Él sabe de las necesidades de amor y aceptación que tiene nuestro corazón. Recuerda que es nuestro Creador… Dios nos hizo emocionales y sentimentales.

Por esa razón Jesús da esta instrucción con promesa:

«No juzguen a los demás, y no serán juzgados. No condenen a otros, para que no se vuelva en su contra. Perdonen a otros y ustedes serán perdonados.

Den y recibirán. Lo que den a otros les será devuelto por completo: apretado, sacudido para que haya lugar para más, desbordante y derramado sobre el regazo. La cantidad que den determinará la cantidad que recibirán a cambio». Lucas 6:37-38

Por un lado nos manda que no juzguemos, ni condenemos; sino al contrario, que perdonemos. Y por otro, nos promete que lo que demos, o hagamos para los demás nos será devuelto con gran abundancia.

ESTO ES MUY IMPORTANTE

A nosotras nos toca elegir qué es lo que vamos a dar a los que nos rodean… El Señor espera que seamos sabias y que demos tolerancia, perdón, aceptación y amor.

Siempre pensé que «Den y recibirán» se aplicaba sólo al área material. Pero si vemos el contexto en que está escrito, nos damos cuenta que Jesús está hablando de las relaciones con las personas difíciles que se cruzan en nuestro camino.

Desde el versículo 27 del capítulo 6 de Lucas nos instruye cómo debemos actuar con los que nos aborrecen, con los que nos insultan, nos critican o nos maldicen… Y para cerrar: «NO JUZGUEN A LOS DEMÁS».

Esto es muy difícil de hacer… de buena gana nadie lo haría. Pero Jesús lo manda. Es parte fundamental del evangelio.

PERO HAY PROMESA

Una promesa que nos motiva a dar lo mejor para que recibamos lo mejor.

Así que debemos tener mucho cuidado: ¿Queremos que nos perdonen? Perdonemos. ¿Queremos que nadie nos critique? No critiquemos. ¿Queremos que nos toleren? Toleremos. ¿Queremos que nos amen así como somos? Amemos a los demás así como son.

Lo mejor de todo es que recibiremos todo multiplicado.

¿CÓMO LOGRARLO?

Sólo toma la decisión y el Señor te enviará al ayudador… al que prometió enviarnos para enseñarnos todas las cosas: El Espíritu Santo.

Él nos ayudará a recibir el amor de Dios… Nos llenará de gracia para que podamos mantenernos en la decisión de seguir los consejos de Jesús. Sanará toda herida que tus enemigos hayan provocado en tu corazón.

Mi querida lectora, atrévete a poner en práctica esta palabra de Dios… Él regresará a tu vida todo el amor, perdón y aceptación que regales a esos enemigos que te ofenden.

Recuerda comentar y compartir este mensaje con tus contactos en las redes sociales.

Que Dios te bendiga y te llene con su Espíritu Santo, tu amiga,

Lidia E. Cames

 

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