Una lección de fe y humildad

Una lección de fe y humildad

una lección de fe y humildad reflexiones cristianas con imágenes arcoiris de promesas
A veces
necesitamos una lección de fe y humildad,
sobre todo cuando nos decepcionamos al no tener de Dios la respuesta que
deseamos y en el momento que pedimos.
¿Hasta qué
punto estamos dispuestas a rogarle al Señor por nuestra necesidad?
Esta es la
historia de una mujer que no se decepcionó de Jesús: Ella le rogaba que
liberara a su hija…  pero parecía que a
Jesús no le interesaba escucharla y mucho menos ayudarla.

Aquí está
la historia:
Y una mujer cananea, de aquella
región, se le acercó, gritando:
—¡Señor, Hijo de David, ten
compasión de mí! ¡Mi hija tiene un demonio que la hace sufrir mucho!
 Jesús no le contestó nada. Entonces sus
discípulos se acercaron a él y le rogaron:
—Dile a esa mujer que se vaya,
porque viene gritando detrás de nosotros.
 Jesús dijo:
—Dios me ha enviado solamente a las
ovejas perdidas del pueblo de Israel.
 Pero la mujer fue a arrodillarse delante de
él, diciendo:
—¡Señor, ayúdame!
 Jesús le contestó:
—No está bien quitarles el pan a los
hijos y dárselo a los perros.
 Ella le dijo:
—Sí, Señor; pero hasta los perros
comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
 Entonces le dijo Jesús:
—¡Mujer, qué grande es tu fe! Hágase
como quieres.
Y desde ese mismo momento su hija
quedó sana
. Mateo 15:22-28 (DHH).
Hace un
tiempo yo estuve orando a Dios sobre una situación en particular y le pedía con
todo mi corazón una respuesta… Por más que clamé y supliqué, no me respondió;
sino que hizo todo lo contrario a lo que yo le pedí.
Entonces yo
me decepcioné mucho y hubo un momento en que llegué a decir: ¿Para qué orar, si
de todas formas Dios hace como Él quiere?
Durante un
tiempo dejé de pedirle y permití que esa decepción me alejara de su presencia…
Hasta que encontré el pasaje de esta mujer cananea.
Quiero
comentarte lo que aprendí:
La mujer
estaba convencida que Jesús era el único que podía liberar a su hija. Esta fe
fuerte fue la que le permitió insistir en su petición.
Las
respuestas de Jesús no fueron motivo de ofensa para ella. Hizo a un lado su
orgullo y persistió en su súplica. La fe de ella estaba alojada en un corazón
libre de soberbia.
No se dio
por vencida ante los argumentos que escuchaba… No se decepcionó cuando la
comparó con los perros.
Ella fue
humilde porque reconocía que necesitaba de Jesús y porque nadie más podría
darle la ayuda que necesitaba su hija.
Jesús ya
conocía la fe de esta mujer… Él ya sabía que ella no iba a rendirse ante sus ‘negativas’.
También sabía cuál era el estado de su corazón.
Si Jesús
hubiera visto que la fe de esta mujer era débil no la hubiera probado de esta
manera. Si hubiera percibido que su corazón se decepcionaría a la primera
prueba, seguro que hubiera actuado de otro modo para afirmarla en la fe y hacer
una obra restauradora en su corazón.
Creo que lo
que el Maestro pretendía era dejarme una enseñanza acerca de la fe y de la humildad.
Dios conoce
los corazones y Él sabe si realmente mi corazón está rendido a sus pies. Él
conoce la intensidad y el tamaño de mi fe.
Ahora entiendo
que Dios quería que mi fe estuviera más afirmada y fortalecida en Él, en su
poder y en su soberanía. Me mostró un corazón orgulloso que quería que Dios
hiciera lo que yo quería, como yo quería y en el tiempo en que yo quería.  
Dios actuó
para transformarme según sus propósitos.
Me mostró
su amor al moldear mi corazón y mi fe. Sé que tiene un propósito para mi vida y
su deseo es que yo sea perfecta delante de Él.
Mi oración
de este tiempo es que Él me dé una fe y un corazón como el de esta mujer
cananea. Sólo así veré sus poderosos milagros a mi favor.
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Dios te
bendiga mucho, querida lectora,
Lidia E.
Cames

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