El único refugio seguro

el único refugio seguro mensajes cristianos de aliento
«Tú eres mi protector,
Mi lugar de refugio,
Mi libertador,
Mi Dios,
La roca que me protege,
Mi escudo,
El poder que me salva,
Mi más alto escondite».
Salmo 18:2
Ninguna persona puede cuidarte las 24 horas de todos los
días de tu vida… sólo Dios.
El único lugar de refugio que te alimenta y te conforta en
tiempos de angustia… es Dios.
Nadie puede dar libertad de ataduras del pecado y emociones
negativas… sólo Dios.
El único que merece que se le rinda adoración y darle el
control de nuestras vidas… es Dios.
La Roca firme donde las tormentas de circunstancias
negativas no te mueven… es Dios.
El que te cubre como un escudo de los ataques de las flechas
del enemigo… es Dios.
El único poder que puede salvarnos de  temores y sanarnos todas las  enfermedades… es el de Dios.
El único escondite seguro cuando nos persigue la aflicción y
el desánimo… es Dios.
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Necesitamos a Dios.
Necesitamos depender de nuestro Dios para todo momento de
nuestras vidas… Y la única forma de llegar a Dios es aceptando a Jesucristo
como nuestro Señor y Salvador… 
¿Por qué?
Porque nuestros pecados no permiten que tengamos comunión
con Dios… nos separan de Él… El único que nos lleva a Dios es Cristo. Él dijo:
«Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí».
Juan 14:6
Jesús murió en la cruz y derramó hasta la última gota de su
sangre para limpiarnos del pecado que nos estorba para llegar a Dios… Gracias a
la cruz nosotros podemos ir directamente al trono de gracia de nuestro Padre.
«Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de
nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que
nos ayudará cuando más la necesitemos
». Hebreos 4:16
Sólo reconociendo a Jesús como tu Salvador, puedes ser
llamado(a) hijo(a) de Dios… No hay otra manera, lo dice la Biblia: 
«Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el
privilegio de llegar a ser hijos de Dios
». Juan 1:12
Cristo nos reconcilió con Dios por medio de su sacrificio,
desde entonces tenemos acceso libre a Él y nuestras oraciones son lo más
importante para el Señor.
La parte que te toca es creerlo y aceptarlo…
Oramos:

“Señor Jesús, creo que tú eres el Hijo de Dios, que moriste
en la cruz para salvarme de la muerte eterna y perdonar mis pecados. Hoy
reconozco que soy pecador(a), recibo y agradezco tu perdón… Te acepto como mi
Señor y Salvador, te pido que tomes el control de mi vida y que me llenes con
tu Espíritu Santo para tener dirección en mi camino. Gracias por reconciliarme
con mi Padre Dios. Amén.”

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