Haré venir sanidad para ti

Haré venir sanidad para ti

imagen y reflexión de aliento Haré venir sanidad para ti

¿Qué tan grave es tu herida? ¿Cuál
es el origen de tu herida? Las heridas de tu corazón pueden ser causadas por
otras personas, pero también, sin proponértelo, tú misma puedes provocarlas
para tu propia vida… de éstas quiero hablarte hoy:

Dios dice en Jeremías 30:12 “Incurable
es tu quebrantamiento y dolorosa tu llaga”, y describe enseguida qué fue lo que
causó la herida del pueblo de Israel: la idolatría…

‘ya no te buscan tus
enamorados y yo te he herido a causa de tu pecado’ (v. 14).


Y es que el pecado no es solamente
robar, matar, adulterar, mentir, fornicar, maldecir o envidiar. Pecado es vivir
independiente de Dios. 

Eso es la idolatría. 

Idolatría no es solamente adorar
imágenes. Idolatría es vivir dependiendo de otro poder que no sea el de Dios:
de tus fuerzas, de las personas, de las finanzas y más… eso es vivir
independiente de Dios. Cuando haces esto te sales de la cobertura de sus alas y
ahí eres presa fácil para los ataques del enemigo… y empiezan a haber heridas
incurables y dolorosas.


En mi mente humana y finita
pareciera que estas heridas provocadas por el pecado, no son sanadas por Dios.
Pero Él en su grande misericordia nos ha provisto de perdón para nuestros
pecados: Jesucristo. Él nos ha traído la salvación al castigo. 

Por eso Dios
promete: ‘traeré sanidad a tu vida y curaré tus heridas’ (v. 17). Jesús es
quien llevó toda dolencia, sufrimiento y herida en la cruz. Sólo tienes que
creer que Él es quien te va a sanar. La sanidad es provista por Dios, desde
mucho antes que tú nacieras Él ya había preparado la sanidad para tus heridas.

Acércate al Señor y cree que
recibirás sanidad y consuelo. La sanidad es por fe… solamente tienes que creer
y serás sano de cualquier herida que tu propio pecado haya provocado. Suelta
hoy toda culpa, tristeza, amargura, depresión, dolor y recibe sanidad y
libertad. 

Directamente, desde el sacrificio de Jesús en la cruz fluye sanidad y
vida para tu alma, tu cuerpo y tu espíritu. Tómala y no vuelvas a separarte de
Él. Mantente unida a Jesús. 

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